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6 may. 2006

kilómetro 105

Hace 10 años yo trabajaba en (LA CONSULTORA), en un proyecto en la ciudad de Valencia. Como todos los consultores asignados vivíamos en Caracas, cada lunes nos tocaba viajar de ida, y cada viernes de regreso

Generalmente me tocaba pasar buscando a dos de mis compañeras que vivían cerca de mi casa. En esa época tenía un Corolla rojo, un carro que había comprado justo después de graduarme de la universidad, unos cuatro años antes

La primera semana de mayo me vió llevando el carro al taller, para que le revisaran un problema en el tren delantero -- que al final resultó no ser nada -- así que ese lunes no podía ser yo quien manejara, sino una de mis compañeras, quien verdaderamente no estaba muy a gusto con la idea. Ella tenía una camioneta Caribe, que recuerdo que tenía dañado uno de los vidrios y había que ponerle un cartoncito para que cerrara bien

Me pasó buscando bien tempranito, como a eso de las 6:00 AM, para luego ir por nuestra otra compeñera. Como de costumbre, los otros dos consultores irían en otro carro

La ida estuvo bastante tranquila. Ya teníamos unos tres meses con esta rutina, así que estábamos acostumbrados al viaje de un par de horas. Recuerdo perfectamente que veníamos escuchando Marillion. Mi amiga era casi tan fanática como yo. La otra muchacha decidió dormir un poco más en el asiento de atrás

Ya en el Estado Aragua, la autopista comienza a tener largos tramos rectos que son ideales para acelerar un poco y hacer más corto el viaje. Ya casi para llegar a la salida de Maracay, el carro comenzó a subir la velocidad, llegando a unos 150 Kph. Lo recuerdo perfectamete, porque unos minutos antes había visto el velocímetro...

Cuando pasábamos por el marcador del kilómetro 105, de la zanja que separa la vía de ida de la de venida, salió un pequeño perrito, un cachorrito, intentando cruzar el asfalto para llegar al otro lado

Cuando mi amiga lo vió, su reacción fue la de frenar violentamente -- justamente lo contrario a lo que se recomienda. Por la velocidad que llevábamos, el carro comenzó a colearse un poco, y repentinamente uno de los cauchos, el delantero de la derecha, explotó sonoramente, haciendo a la vez que la camioneta se volteara y girara sobre si mismo dos veces: la primera vuelta hizo que golpeara mi cabeza contra el techo, y la segunda hizo que el carro girara sobre su eje y quedara boca abajo y viendo hacia atrás...

Comenzamos a deslizar por el asfalto, pero solo fueron unos pocos metros. El carro se salió de la carretera y cayó por una pequeña loma que da a un terreno baldío en uno de sus costados. El cambio de ángulo en el suelo hizo que la camioneta se volviera a voltear y girara un par de veces más

Finalmente, la camioneta se detendría, boca abajo y con tres ruedas girando como las patas de una cucaracha recién pisada, a unos 120 metros del primer frenazo -- o al menos así nos lo indicaría un Guardia Nacional que midió desde la marca de los cauchos hasta donde quedó el vehículo

Mi primera reacción fue la de salir del carro. Al soltarme el cinturón de seguridad cai sobre el techo del carro volteado, y con algo de esfuerzo pude salir por la ventana rota. Una vez fuera, voltee para ver a mis compañeras, y me sorprendí -- no muy alegremente -- de ver como el techo estaba completamente hundido

Rápidamente di la vuelta al vehículo, y por el otro costado pude ver a mis amigas saliendo tal como hice yo segundos antes. El techo se había hundido justa y únicamente en el medio del carro...

Ambas estaban bien, golpeadas y con cortadas menores, pero bien. No habían pasado dos minutos y ya habían unas 20 personas a nuestro alrededor, algunas tratando de ayudar y de tranquilizarnos, otras en otro plan (como me enteraría luego cuando me di cuenta que me habían robado el celular)

También llegaron unos Guardias Nacionales y unos Policías de Tránsito, estos últimos acompañados por una ambulancia que hacía recorridos por la carretera. Inmediatamente comenzaron a atender a mis amigas. Una de ellas, la que venía en el asiento de atrás, tenía moretones por todo el cuerpo por haber saltado dentro del carro como una muñeca de trapo mientras este daba vueltas y vueltas. La otra resultó con una fisura en una costilla y una cortada en la oreja, donde llevaba el zarcillo. Por mi parte, ya más tranquilo y viendo como las atendían, me senté en el borde de la carretera...

En ese momento comencé a sentir un fuerte dolor de cabeza, donde me había golpeado cuando la camioneta se volteó por primera vez. Al pasarme la mano con la frente, vi con horror como esta estaba llena de sangre. Me volví a tocar con la misma, obteniendo un resultado similar. Pero me llamaba la atención que no sintiera húmeda la frente -- y que nadie me hubiera dicho nada -- así que me limpié ambas manos en los pantalones y repetí el proceso con el dorso de mi mano derecha. Esta vez no aparecieron manchas rojas, así que lo volví a hacer con la palma de la mano, y esta si estaba llena de sangre

Luego de unos pocos segundos de razonamiento, caí en cuenta de que la sangre no provenía de mi cabeza, sino de las propias manos: al salir de la camioneta por la ventana rota, me clavé varios vidrios y me hice cortes en ambas manos. La adrenalina había hecho que no sintiera dolor por las cortadas y por eso no lo había notado

Cuando ya mis dos amigas habían sido revisadas por los paramédicos, y había llegado una grúa para remolcar la camioneta -- en la que todavía seguía sonando el cassettico de Marillion, increíblemente -- nos llevaron a un puesto policial que hay en una de las salidas. Mis amigas viajaron en la ambulancia, pero yo tuve que ir de parrillero en la moto de uno de los policías

Ya en la alcabala pudimos llamar a Caracas para contar lo sucedido, y esperamos que nuestros otros dos compañeros nos alcanzaran. Mi amiga, la conductora, habló con su novio, para pedirle que nos esperara en un taller donde iba a dejar el carro (que resultó pérdida total), para luego llevarnos a diferentes clínicas para ser nuevamente chequeados

Yo terminé en la Clínica Metropolitana, donde prácticamente no me atendieron. Solamente me midieron la presión, me tomaron una placa de la cabeza y me dejaron como media hora sentado en una silla de ruedas esperando a que alguien me fuera a buscar para darme de alta, supongo que mientras revelaban la placa

Si hubieran visto el carro, hubieran pensado que nadie sobrevivió a ese choque, pero la realidad es que a ninguno de los tres pasajeros nos pasó nada grave, al menos físicamente. Unos días de reposo y listo, y un collarín a mi amiga la que venía durmiendo en el asiento de atrás...

Rara vez recuerdo ese choque, aunque al principio sentía un sudor frío cuando volvía a pasar por esa zona, pero por casualidad en estos días me puse a pensar en ello, y me dí cuenta que ya han pasado 10 años desde ese día...

{¿y el perrito?}

Tanto frenar y tratar de esquivarlo fue en vano: lo pisamos de todas maneras. Fue la única víctima mortal del choque...

{pobrecito}

A esa velocidad no se puede hacer eso... a mi me paso lo mismo con mi ex corsa, iba 160 y se me atraveso un perro, era el o nosotros asi de simple.

  
lo unico que no entendi es para que la placa de craneo?
menos mal que no paso nada grave,
saludos,
ee
(pasa por el blog del cineclub)

  
Chamo de vaina la estas contando, cuando no ha llegado tu hora, no ha llegado...

  
Bueno, la puedes contar como dice el Infelix, nadie muere la víspera sino el día...

Respecto al comentario de Alex a veces el llevarte por delante al "perro" -por decir cualquier animal- también puede hacer que se te voltee el carro, así que de verdad no tengo idea de que será lo recomendable en esos casos.

  
Impresionante historia, como dijo Infelix..no era tu hora, ni la del alter..
Saludos

  
Tremenda historia, debe ser que tienes un angel o algo asi. que no te paso nada

  
vertiole, se me erizó la piel del susto a leer este post. Me recordó un poco a mi accidente el año pasado, asi q' se puede decir q' senti lo mismo q' tu.

Bye bye ;)

  
vivo cerquita de la autopista y prácticamente la uso a diario. Y los que la usamos a diario y la conocemos nunca vamos a 150kph, por lo general no pasamos de 110 o 120, y vamos muy alertas. El riesgo aumenta con el cuadrado de la velocidad, así que es bastante lo que se aumenta cuando subimos de 110 a 150 o 160. También con el aumento de la velocidad disminuye la capacidad de reacción nuestra ante un imprevisto como el perrito que cuentas. Y por supuesto hay que recordar que los carros son diseñados por gente como uno que le pone al diseño límites que no debieran ser sobrepasados. Eso fué lo que le pasó al caucho.

Todos los días hay de cuatro a seis accidentes graves en la ARC, accidentes con heridos graves o muertos. Y aun así la gente sigue conduciendo a exceso de velocidad creyendo que esa autopista tiene la calidad de las de Alemania. Aquí puede pasar cualquier cosa.

  
Yo no sé que clase de mito o leyenda urbana se ha creado alrededor de la regional del centro que hace que la gente, después que pasa Tejerías, se empiece a creer Schumacher y a ver sus carros como indetenibles e indestructibles. No sabes la cantidad de gente, pero de verdad no te imaginas, que en conversaciones sobre carros veloces y/o potentes hace comentarios como "yo un carro así me lo llevo pa' la regional del centro y estoy en Valencia en media hora". Como si la vía estuviera perfectamente asfaltada, o como si nadie cruzara de un lado a otro repentinamente o como si no circularan camiones en ella...Cuando leo o escucho comentarios como "esa vía es una guillotina" no puedo evitar pensar que la guillotina es muchas veces la imprudencia de la gente. Qué bueno que no les pasó nada!!

  
Adriana: Pisas al perro, a las vacas no, suele ser contraproducente para la salud del que maneja y de la vaca.

  
Bueno yo me he llevado por delante, un perro, un gato, un rabipelado, incontables sapos y un Fiat Spazio, el ultimo si que dolio....

  
Uso con cierta regularidad esa autopista, la verdad es que en ese trecho provoca correr, pero tomo en cuenta que la zona está más poblada (a mi parecer) y evito acelerar mas de lo debido.

  
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